UNA VARIANTE EDITORIAL DE LA REVISTA FRANCESA ACTUEL MARX ISSN:0718-0179

CONVOCATORIAS

LLAMADO DE LA REVISTA

ACTUEL MARX /INTERVENCIONES Nº 31

PRIMER SEMESTRE 2022

 

La recepción de artículos es hasta el 30 de octubre 2022

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Roberto Merino: robertmerinojor@gmail.com

María Emilia Tijoux: maemiliatijoux@gmail.com

 Las violencias: prácticas sociales, experiencias, teorías 

La revista Actuel Marx / Intervenciones en su Nº31 invita a reflexionar sobre el complejo fenómeno de las violencias en un contexto donde el capitalismo mundializado, junto con sus continuas crisis, ha fomentado cada vez más su desarrollo como también su naturalización. No cabe duda de que durante el siglo XX y XXI las violencias podrían representar una verdadera galería de horrores, sin olvidar las atrocidades perpetuadas en el periodo de entreguerras. Desde el genocidio armenio (1915), pasando por la masacre en Ruanda (1994), hasta las feroces represiones contra los movimientos sociales, sin dejar de lado las permanentes violaciones de los derechos humanos en el mundo, las violencias representan un fenómeno complejo a descifrar pero necesario a analizar. 

Muchos investigadores han descrito los orígenes de lo que podríamos llamar “el mal en el ser humano”, dejando abierta la reflexión sobre la crueldad y el sufrimiento de miles de personas pero también dando lugar al análisis sobre las experiencias de distintas violencias y de su producción disciplinaria. Como se observa, no se trata de un problema nuevo, sino de un fenómeno histórico que precisa de un estudio crítico que no deje de considerar al pasado cuando se trata de examinar los hechos violentos que actualmente nos conmueven y que consiguen instalarse normalizadamente en el sentido común. Es necesario buscar en los hechos traumáticos y violentos del pasado, para entender cómo y en qué circunstancias la violencia se ha vuelto plural hasta ingresar en los distintos ámbitos de la vida. Es por ello que las luchas y las revoluciones de nuestra época deben inventar sus propias estrategias para hacer frente a la dominación, estas no pueden hacerlo a partir de una tabula rasa sin encarnar e incorporar la historia y la memoria de los combates que otras y otros dieron en el pasado y considerar tanto sus triunfos como sus derrotas. Es así como para Bourdieu la violencia contiene el pasado incorporado al habitus, se proyecta al futuro y, en el mismo acto, adquiere materialidad en el presente cuando su práctica se despliega. 

Cuando observamos las crisis mundiales que se producen desde el modelo de acumulación capitalista simultáneamente con los avances de la depresión económica agudizada por las guerras, constatamos que son múltiples las violencias que se construyen para develar las desigualdades y las opresiones generadas por el neoliberalismo. Un ejemplo de esto último es este año 2022, cuando la confrontación geopolítica por la supremacía mundial agravada por la invasión de Rusia a Ucrania, y la inminente catástrofe ecológica a nivel planetario (que se arrastra desde el industrialismo), convergen en tiempos donde la humanidad enfrenta una pandemia sin precedentes. 

Cuando se trata de guerras, sublevaciones, insurrecciones, revoluciones y contrarrevoluciones, es importante recordar que el socialismo científico analizó las violencias atándolas a otros fenómenos de la vida social con el fin de atribuirles un lugar y una función determinada. En las sociedades capitalistas las violencias se sitúan esencialmente en las superestructuras políticas, tal como ocurre con el Estado que tiene el monopolio de la fuerza. Así es como el Estado irradia violencia a través de las Fuerzas Armadas y de sus aparatos de seguridad e inteligencia, pero también esta emana desde las instituciones religiosas o los modos de vida de las clases dominantes. Si seguimos los 

fundamentos de la concepción marxista de la historia donde las clases se definen por la participación y el lugar que tienen en los medios de producción, observaremos que la crítica muestra que la violencia capitalista opera sobre los medios de producción como un medio y la ganancia económica como el fin. Marx y Engels a partir de su concepción de la historia buscaron definir el marco en que la violencia se ejercía, sin negar su rol motor, pero siempre considerando las condiciones de su producción y distinguiendo la violencia reaccionaria de la violencia revolucionaria para advertir que esta última no era mas que un instrumento que no se podía ejercer en cualquier circunstancia y que dependía principalmente de la conciencia política del proletariado. 

El capital en sus distintas fases, está en estrecha relación con la violencia al estar presente y sistemáticamente atado a las relaciones de producción, así es como el capitalismo debe su avasalladora y destructiva capacidad de producir “riqueza” al ejercicio permanente y diversificado de la violencia. Un ejemplo de ello es el despojo, la devastación o la deshumanización, que tan claramente definen al capitalismo. Podemos examinar y criticar los enfoques biologistas, naturalistas, iusnaturalistas o darwinistas que de manera dogmática han buscado explicar que las violencias son un factor asociado a la “naturaleza humana”. Pero también podemos pensar en las violencias de los actos fascistas que se repiten en el mundo para asesinar o hacer desaparecer, o el racismo que se dinamiza para ver cada día morir a miles de personas que huyen de la violencia en sus países. Estos actos surgen como hechos banales, pero incuban esa violencia naturalizada de la crueldad que parece más violenta que la violencia misma. 

En este punto, al preguntarnos sobre quien está incluido o excluido de la humanidad al punto de encontrar al humanismo como algo imposible, vale recurrir al concepto de hiperviolencias de Alain Brossat cuando refiere al lenguaje del odio y de sus prácticas sanguinarias que construye un “enemigo” para animalizarlo e identificarlo con bestias portadoras de gérmenes que hacen peligrar a la sociedad. En Le corps de l´ennemi. Hyperviolence et démocratie (1998) Brossat alude a la animalización como resultado de un doble proceso que modifica el cuerpo del enemigo: por un lado la pertenencia a priori de todo individuo a la humanidad construye monstruos que deben ser exterminados y por otro la animalización del enemigo proviene del biopoder (Foucault) que administra las poblaciones humanas buscando características generales de una población para aislar a los 

más útiles, esterilizar a los peligrosos y favorecer la reproducción de los más “aptos”. Humanismo y eugenismo se unen para eliminar a quienes no corresponden a la normalidad humana. Una vez zoologizada, la política se normaliza. Pensemos en el titular del diario La Segunda del 24 de julio de 1975, cuando anunciaba el asesinato de militantes del MIR: “Exterminados como ratones”. Sabemos que ayer y hoy el lenguaje animalizado opera contra los pobres, contra los pueblos indígenas y contra los migrantes. 

La violencia y las violencias son prácticas, acciones provenientes de la vida cotidiana que se llevan a cabo —como señala Goffman— al estigmatizar al Otro al punto de hacerle perder su identidad y obligarlo a vivir como los demás desean que viva o bien a desaparecer hundido en el aislamiento. Pero también se trata de acciones desarrolladas en las calles como las ocurridas durante la rebelión de octubre en Chile que produjo muerte, tortura, mutilaciones y persecuciones contra luchadores sociales por parte de agentes del Estado. La violencia que administra el Estado es contra lo “anormal”, en contra de todo lo que se oponga a la supuesta normalidad que se debe defender. Aunque se trate de una gran mentira. Entonces, si todo Estado está fundado en la violencia, como señalara Trotsky, habría que buscar en el Estado las violencias clasistas, colonialistas, patriarcales, racistas que lo convierte en un Estado necropolítico (Mbembe) donde el control sobre la vida y la muerte se hace costumbre. 

La violencia es una práctica que incide directamente en la formación social. Para que funcione como tal actúa como gatillante de esta práctica, precisa además de un agente determinado que la identifique y las transforme en una guía para la acción, es decir, en un fin. Un hecho de violencia, no se origina por la mera existencia de la injusticia social, sino cuando los individuos afectados por tal situación la reconocen y operan en pos de eliminarla, lo mismo aplica para las dictaduras, y toda forma de opresión, encierros, castigos y exterminios. A pesar de que las violencias son una práctica social, estas no se estructuran en un tiempo lineal, dado que en la misma se registran avances y retrocesos —fintas, acciones distractoras, despliegues y re-pliegues. Las formaciones sociales se estructuran en razón de la apropiación privilegiada de los bienes económicos y culturales —situación que rápidamente conduce a la desigualdad económica-social y política que imponen las clases dominantes y los aparatos del Estado. Esta apropiación privilegiada se sostiene —además de la violencia—, con un discurso eufemisado que apela a la moralidad 

y en la que cada uno cumple un papel determinado en la comunidad. Este discurso acrítico apela a mantener las relaciones entre las clases tal cual están, incluso las relaciones de abuso, pues no incluyen ninguna transformación de las relaciones sociales. En esta perspectiva, el malestar social será siempre imprevisible —solo recordar los acontecimientos iniciados en Chile el 18 de Octubre de 2019. 

Cuando se condena sin mayor discernimiento la “violencia” en las manifestaciones o protestas sociales (aquello que jurídicamente es llamado “vandalismo, saqueo o pillaje”), y se apela inmediatamente al “estado de derecho” (pues como se ha hecho costumbre: “hay que condenar la violencia venga de donde venga”), ¿qué se está condenando?¿Se está condenando a la vez la violencia constante, legitimada y regulada por las relaciones mercantiles propias del capitalismo? Es cierto que hablamos de dos cosas distintas, eso que la protesta señala como la violencia propia del capitalismo democrático, y la “otra violencia” que Oyarzún, en su artículo “El país donde no pasa(ba) nada”, identifica como aquella que “opera sobre cosas” diferenciándola de la violencia represora del gobierno que “opera sobre personas” (pues pareciera que para el aparato del Estado importan más las cosas —la propiedad privada y pública— que las personas). En esta misma línea, creemos que es necesario profundizar en esta diferenciación tal cual lo que señala Benjamin quien para realizar una crítica de la violencia opone, en contra del derecho natural (“que no ve problema alguno en el uso de medios violentos para obtener fines que sean justos”), la teoría positiva del derecho pues ésta tiene la particularidad de llevar a cabo una distinción fundamental entre las clases de violencia. Nos referimos aquella “violencia históricamente reconocida (es decir, «sancionada») y la no sancionada”. Para hacer dicha crítica, Benjamin nos dice que es necesario encontrar un punto de vista fuera de la filosofía positiva del derecho y fuera del derecho natural, algo que solo es realizable a través de la filosofía de la historia, pues “sólo la idea de su desenlace hace posible una actitud crítica”. 

Estudiar las violencias, sus prácticas sociales, experiencias y teorías de una manera que no se someta a crítica sus distinciones conceptuales llegaríamos a un punto donde sus rendimientos teóricos serán nulos y anulados. Más bien de lo que se trata es de trazar su historia develando tanto su pasado/presente como así también sus clasificaciones para tener un acercamiento al fenómeno y su comprensión. La invitación es poder abordar estas ideas 

desde los distintos ejes temáticos anunciados en este llamado. Este es el desafío que la revista Actuel Marx / Intervenciones plantea para su Nº31. 

Ejes temáticos 

1. Las violencias e hiperviolencias del capitalismo mundializado. 

2. La violencia, barbarie y crítica. 

3. Violencias sobre el cuerpo y los cuerpos. 

4.-Las guerras, revoluciones y contra-revoluciones, conflictos, enfrentamientos, insurrecciones, rebeliones y subversiones. 

5.-Las violencias físicas, psicológicas, simbólicas, etc. 

6.-Violencia patriarcal: femicidios; violencia política, económica y sexual; trans y homofobia; distintas expresiones de dominación por razón de género y sexualidades. 

7.-Violencia en espacios de sociabilidad popular: barrios, estadios violencia juvenil, violencia en las instituciones, etc. 

8.-Violencia colonial: estudio (y reactualización) de la histórica relación racista entre el Estado y los pueblos indígenas y entre nacionales y extranjeros. 

9.-La violencia desde los aparatos del Estado: Masacres, encierros, torturas, castigos y exterminios. 

Actuel Marx/Intervenciones 

Comité editorial 

 
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