UNA VARIANTE EDITORIAL DE LA REVISTA FRANCESA ACTUEL MARX ISSN:0718-0179

CONVOCATORIAS

LLAMADO DE LA REVISTA

ACTUEL MARX /INTERVENCIONES Nº 30

PRIMER SEMESTRE 2021

 

La recepción de artículos es hasta el 15 de octubre 2021

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Iván Trujillo: itrujillocorrea@gmail.com

Roberto Merino: robertmerinojor@gmail.com

Juan Riveros: juanriveros14@gmail.com

 

Los intelectuales: el poder y la dominación

 

La situación actual de crisis a nivel mundial, tanto económica, política, social, ecológica y humanitaria-sanitaria del capitalismo mundializado, ha puesto en evidencia las desigualdades estructurales del neoliberalismo y del modelo de acumulación capitalista. En Chile, en medio de la pandemia el dogmatismo neoliberal en las manos de una gestión política tecnocrática en descomposición ha pretendido restaurar violentamente la dominación de los pueblos en lucha precipitando su colapso. Desde comienzos de la segunda década de este siglo, la emergencia de una resistencia popular persistente, premunida de un discurso político consistente cada vez menos sectorial, puede explicar que un discurso anticientífico o anti-intelectual nunca haya podido imponerse, pese a que el proceso histórico chileno ha estado marcado por un acusado anti-intelectualismo afincado en la despolitización, en el poder empresarial y en la privatización de los bienes de uso público (la educación, la salud, la previsión social, el agua, la electricidad y las riquezas básicas del país). Al cabo de un tiempo, este mismo proceso ha despertado un importante y sostenido movimiento de revueltas sociales que ha desembocado en un proceso constituyente y en la derrota política de los partidos de la denominada ex concertación, de la derecha y ultraderecha, conspicuos representantes de este modelo de acumulación. Este proceso no ha dejado de estar acompañado de una activa intervención intelectual pública tanto de politólogos, sociólogos, abogados, historiadores, filósofos y periodistas. Tomando tan sólo como pretexto esta puesta en escena de los intelectuales, podemos comenzar preguntándonos: ¿hay determinadas circunstancias en las que los intelectuales tienen poder? Por ejemplo, en contextos de crisis  —como las ya mencionadas—, o de «derrumbe del modelo» —como dice un sociólogo. ¿O es que a la luz de estos mismos ejemplos vemos que los intelectuales solo se limitan a participar del poder que ellos nunca tienen en verdad? Y si esto es así, entonces, ¿cuál es el rol fundamental de los intelectuales hoy en día frente a la dominación capitalista que se despliega a través de una obscena desigualdad multidimensional?

 

Las revueltas sociales sostenidas pueden llegar a ser muy envolventes y los intelectuales, en la época de las redes sociales, ya no necesitan ser militantes para verse reivindicados y transformarse rápidamente en «expertos» en crisis. No solo los economistas, politólogos e ingenieros son los convocados por los mass medias a «explicar» los orígenes de las distintas crisis, también vemos a una multitud de intelectuales transformados en asesores políticos y de partidos que pasean por paneles televisivos y matinales, expertos en debate, verdaderos oráculos trabajando para el lucrativo negocio de las encuestas y los sondeos de opinión. Así, los intelectuales en el mundo mediático se transforman fácilmente en insumos de la industria y gerentes de marketing, pero no solo en eso… En una entrevista, el filósofo francés Jacques Rancière aclaraba lo que un día fue su reproche al filósofo Louis Althusser: «no le reproché el haber definido una política tal como debía ser y el haberse desinteresado por la política tal como era, más bien le reproché el haber suscrito a la política tal como era para reservarse una política para él, la lucha de clases en la teoría.» (El método de la igualdad, p. 142). Lo que quiere decir haber convalidado el reparto entre la conducta material de la lucha de clases, sometida al PCF, y la lucha de clases en la teoría que él se reservaba a sí mismo como intelectual. No se trata aquí, entonces, del intelectual confiado a lo que pretende sea su puro poder o su poder puro, sino al intelectual que asume su rol de intelectual avalando el monopolio del poder y la dominación a través de la superioridad «cientificista» y la exclusividad «intelectual». ¿Acaso esto no sugiere de entrada que habría que comenzar por desechar la vieja división entre intelectual y proletario?

 

Para entender esto último y ver lo que subyace en esta condición de intelectual es necesario abordar una pregunta que es imposible de eludir: ¿qué es ser intelectual? La pregunta es sin dudas amplia, pero nos permite determinar cuál es el poder que esta noción detenta. Más aún, y teniendo en consideración que el que «intelige», en el sentido latino de «intus-legere» (leer en el interior de los pensamientos), adquiere una propiedad que lo distingue como un individuo singular —el «intelectual»— de otros individuos que supuestamente no poseen esta cualidad. Lo que observamos aquí es un proceso de división no sólo entre dos actividades (intelectual/proletario) sino también entre dos tipos de seres humanos. Surge la necesidad de confrontar esta tautología de la desigualdad con la tautología igualitaria para el cual la asimetría del primero se confronta con el pensamiento del segundo que es común a todos. Si acudimos nuevamente a Rancière, observaremosque esta confrontación adquiere el sentido de una categoría «política» que pone precisamente en evidencia la contradicción inherente a lo que llamamos «intelectual». Más aún, para él, «esta puesta en escena de la contradicción es característica de cualquier subjetivación política». Por tanto «discutir sobre el término ‘intelectual’ es semejante, en lo esencial, a lo que sucedió en su momento con los términos ‘trabajador’ o ‘proletario’» (Momentos políticos, p, 67). Es necesario distinguir más claramente, por tanto, en qué consisten las figuras históricas de «intelectual público»,«intelectual académico», «intelectual tradicional», «intelectual orgánico», «intelectual comprometido», etc., y, también, cuál es la distancia o cercanía de estas figuras no sólo con el poder, con el cual suelen mantener una estrecha relación, sino además con su objeto de estudio cuando se trata nada menos que de lo común. En otros términos, lo que hay queresponder es, por un lado, si lo que llamamos «intelectual» y «trabajador» son términos simétricos (68) que evidencian tantas contradicciones y divisiones contenidas en las nociones de ciertas inteligentzias como las de «vanguardia», «avanzada», «crítica cultural», etc. Y, por otro, de qué modo estas contradicciones y divisiones pueden ser analizadas a través de lo que Marx llamó en los Grundrisse «general intellect», es decir, no un sistema parcial y residual de máquinas automatizadas, sino más bien un saber abstracto, un producto de la naturaleza humana, de la fuerza objetivada del conocimiento humano y del proceso de vida social.

 

De modo que la pregunta por lo «intelectual», también pone en crisis no sólo el sistema de distinciones, las divisiones o modos de ser jerárquicos, sino además la propia tradición crítica donde históricamente los «intelectuales» o las «clases dirigentes» de la crítica social han ejercido el poder. A este respecto, Jean-Marie Vincent analizaba que lo que tuvo un efecto decisivo en el ascenso del nazismo fue precisamente la incapacidad política de los partidos políticos de la clase obrera, más precisamente la clase dirigente del PC alemán, de hacer frente al fenómeno del nazismo. Si seguimos inmediatamente al historiador Eric Hobsbawm, para quién el breve siglo XX comienza en 1914 y termina en 1989, podríamos preguntar: ¿cuál es el rol de los intelectuales de izquierda frente al derrumbe del «socialismo real» donde el silencio de estos es un reflejo palmario frente a la derrota histórica de una utopía que estaba mucho más allá de los regímenes burocráticos estalinianos que pretendían encarnar? Al parecer lo que subyace en esta especie de «melancolía de izquierda» (Traverso) es una debilidad congénita, una contradicción de clase que oscila entre una personalidad típica de la

burguesía y los deseos siempre presentes de una emancipación por venir. Pero tampoco hay que desconocer que en la historia del «breve siglo XX», enunciado por Hobsbawm, la noción de intelectual no puede disociarse del compromiso político, en una época de fuertes antagonismos ideológicos. Son los tiempos de Walter Benjamin, George Orwell, León Trotski, Marc Bloch, Antonio Gramsci, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Michel Foucault, Ernesto Guevara, Ernest Mandel, Pierre Bourdieu y en el último periodo Jean-Marie Vincent y Daniel Bensaïd, la lista no es exhaustiva, son ellos quienes se entregaban al servicio de unas causas políticas emancipatorias e internacionalistas. Tal vez, para arrojar luz sobre esto último habría que cuestionar los márgenes tal como lo hizo Gramsci: «¿Cuáles son los «máximos» límites de la acepción de intelectual?» Es cierto que habría una clara distinción entre los «intelectuales tradicionales» y los «intelectuales orgánicos», pero Gramsci es claro en no considerar al intelectual como una clase, en el sentido estricto del término, su función no se deriva del lugar en que ocupa en la estructura económica de la sociedad: no es productor ni propietario de los medios de producción. Es un productor de conocimiento y un creador de ideas, pero no cumple esta función por fuera de la sociedad, que está dividida en clases. El intelectual expresa la visión del mundo de las clases sociales. Enzo Traverso dirá que los intelectuales «tradicionales» (la burocracia estatal, los juristas, el

clero) moldean las herramientas mentales de una sociedad premoderna; en cambio los intelectuales «orgánicos» diseñan el paisaje cultural e ideológico de la sociedad capitalista en la cual deben elegir de qué lado están: con la burguesía o con el proletariado.

 

La situación actual en Chile no está lejos de estos análisis. Desde el 18 de octubre de 2019 hasta el proceso constituyente en marcha, nunca existieron mejores «condiciones objetivas para la insurgencia de una izquierda socialista» (Cabieses). Pero ¿quién nos asegura que este proceso, y las fuerzas intelectuales puestas en juego, se transforme, como ocurrió con el llamado «retorno a la democracia», en una pendiente hacia una nueva forma de confiscación de la vida a través de una nueva profundización neoliberal? Más aún, ¿Quiénes son las fuerzas intelectuales hoy día que piensan estos procesos? ¿Dónde están situados? ¿Cuál es la función del campo académico, científico, cultural, político y militar? ¿Cuál es la función de las políticas de financiamiento científico de los ministerios de ciencia y cultura? ¿Cuál es el rol, o para quién investigan los think thank de los Centros de Estudios de la Universidades, Centros de Investigación, etc. (Centro de Estudios Políticos, Libertad y Desarrollo, Nodos XXI, COES, etc.)? ¿Quiénes y como los financian? ¿No habría que tener presente aquí, incluso en la forma de cierta inercia histórica, el rol de los centros de pensamiento como productores de subjetivación a lo largo de nuestra historia reciente? ¿Habría que abandonar la pregunta por el rol que juegan los llamados «intelectuales» no a pesar de sino aprovechando el proceso de fuga de las fuerzas políticas de oposición? ¿Hay alguna oportunidad para un trabajo intelectual crítico dentro de la universidad hoy que no actúe con un mano a favor de la defensa de subjetividades marginalizadas y con la otra tratándolas como insumos de investigación y de promoción académica en los actuales mecanismos de financiamiento académico? ¿Puede ser hoy la universidad un lugar de un pensamiento emancipatorio y a la vez uno de los lugares de la reproducción hegemónica del poder y la dominación? ¿No habría que cernir, con la mayor autocrítica posible, el rol de los intelectuales dentro del campo intelectual vigente? O, más claramente, ¿posicionarse desde un pensamiento pos-crítico que haga frente a la tradición crítica a través de una crítica radical a la tradición crítica (Rancière)?

 

Quizás indagando en estos puntos podamos entender, un poco más, cuál es el poder de los intelectuales hoy en día y qué es lo que se encuentra en juego en el despliegue de su condición. Este es el desafío y las inquietudes que plantea la revista Actuel Marx Intervenciones para su Nº30.

 

 

 

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