UNA VARIANTE EDITORIAL DE LA REVISTA FRANCESA ACTUEL MARX ISSN:0718-0179

CONVOCATORIAS

LLAMADO PARA LA REVISTA

ACTUEL MARX/INTERVENCIONES N° 23,

SEGUNDO SEMESTRE 2017

Recepción de los artículos hasta el 15 Agosto de 2017 en:

Ernesto Feuerhake: ernestofeuerhake@gmail.com

Juan Riveros: juanriveros14@gmail.com

 

DEMOCRACIA Y REPRESENTACIÓN

 

Uno de los aspectos más controversiales dentro del sistema democrático moderno es lo que comúnmente se llama “crisis de representación.” ¿Pero qué entendemos por crisis de representación? Más aún, ¿qué entendemos por democracia y representación? El presente llamado de la Revista Actuel Marx / Intervenciones invita a participar en el debate sobre la desafección de lo político en torno a las relaciones entre democracia y representación.

Para abordar de un modo más amplio este debate, no debemos desconocer que desde antiguo esta discusión ha sido centro de interés para variados pensadores y legisladores. Es así que estas relaciones no solo tienen larga data sino que además estas se han transformado en una encrucijada que ha definido, de una u otra manera, el pensamiento político moderno.

Ahora bien, si consideramos, por ejemplo, que para Platón uno de los problemas que enfrenta el Estado ateniense radica principalmente en ese exceso de distorsión que genera el revoltijo de gente ignorante agolpada en la asamblea, inmediatamente el proyecto político platónico, por su parte, consistirá en zanjar este exceso propio de la democracia ─el mundo de la doxa─ a través de la verdadera política ─la politeia─. Pero este rasgo negativo de la democracia, también ha sido parte de la teoría moderna. La fábula del bellum ómnium contra omnes de Hobbes lo describe muy bien al realizar no solo una crítica a la supuesta “naturaleza política” del hombre, sino que además nos muestra que la enfermedad del cuerpo político ya no se encuentra en las tensiones de clases y el reparto del poder, se encuentra más bien en las intrigas originadas en la asamblea democrática. Para salir de ese “estado de naturaleza” y de convulsión permanente, el Estado rousseauniano mantendrá una diferencia con aquella “insociabilidad natural de los hombres” de la soberanía de Hobbes. Para llegar a esto, como sabemos, el hombre cede sus derechos naturales para transformarse en un cuerpo social homogéneo, un pacto que la “voluntad general” ha articulado a través de una democracia directa que garantice el bien de toda la comunidad. Pero prontamente esta democracia se verá nuevamente contradicha por una crítica disolvente al “Estado como tal”. En los Manuscritos de 1844 Marx nos propone una sociedad ya no mediada por la división del trabajo, ni las distinciones técnicas o sociales, sino por la fraternidad y la asociación libre y efectiva de los hombres en torno a sus necesidades. De este modo, el itinerario marxista propone una revolución en contra de la democracia formal de la burguesía como única vía para una real emancipación humana. ¿Por qué la política misma, es decir, el sistema político se encuentra fuera del planteamiento de Marx? ¿Es posible llegar a pensar en un Estado sin política?

Para contrastar esto último, podríamos enfrentarlo con un pensamiento totalmente disociado del planteamiento marxista. Por ejemplo, para Claude Lefort la democracia se instituye como una sociedad “sin cuerpo” precisamente porque esta arruina toda concepción orgánica de lo común. Para él lo revolucionario de la democracia no es simplemente que los gobernantes se instituyan en lo social por el sufragio universal, sino más bien por dejar un lugar vacío del poder. La democracia se presenta, de este modo, como una institución puramente simbólica de lo social que “desimbrica” lo incondicionado del poder para dar lugar a una reposición periódica que mantenga una “disolución de los referentes de la certidumbre”.  ¿Es posible que esta disolución llegue a transformarse en una crisis de representación que deje abierta las puestas al totalitarismo?

En este sentido, se podría realizar una lectura cruzada entre Laclau y Rancière a propósito de un encuentro de ambos llevado a cabo en Buenos Aires el 16 de Octubre de 2012. Para el primero, el principio democrático se relaciona directamente con el principio de representación pues los mecanismos representativos pueden llegar a representar, según Laclau, a esas voluntades que quedan al margen del sistema político. Para el segundo, en cambio, la democracia no designa una forma de sociedad ni de gobierno y por tanto el principio de representación que impera en estas sociedades mal llamadas “democráticas” representa más bien el juego que las propias oligarquías ejercen en la distribución del poder. Es por ello que la democracia, en tanto confusión propia de la política, no es sino el momento en el cual la comunidad igualitaria irrumpe en lo social para reconfigurar un lugar distinto al que propone el orden de la dominación. ¿No es esta misma confusión que para Badiou, y que al igual que en la politeia platónica, corresponde a las ilusiones de la democracia que reafirman esencialmente su carácter corrupto y permanentemente en crisis? ¿Es posible hablar de una democracia sin representación (Žižek) o, más bien, de la restauración de una verdadera democracia (Hardt y Negri)? ¿Es posible seguir pensando, al igual que lo hacen analistas, politólogos y expertos en debate, de “la sana convivencia entre representantes y representados” después de los índices de corrupción investigados por Transparencia Internacional?

Como vemos, parece que sería imposible pensar en estas relaciones sin antes interrogar la tradición del pensamiento político que la acompaña. Sobre todo cuando en época de candidatos y programas electorales vemos nuevamente sobrevenir las promesas del término de la división social y el inicio del tiempo consensual. ¿Acaso no es este “nuevo tiempo” lo que avizora cada cuatro años el fin de una crisis generalizada? ¿No es este “nuevo tiempo”, de la promesa, lo que permite anudar incansablemente democracia y representación hasta el límite de su verdad?

Quizás nos quede pensar que solo indagando en estas inquietudes es que podemos estar más cerca de entender a qué se debe esa distancia que desde antaño existe entre los ciudadanos y sus representantes. Ese es el desafío que la Revista Actuel Marx / Intervenciones plantea en este llamado para su N° 23.

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